Amada Desconocida

on Sábado, 20 Mayo 2017. Posted in Poemas

Tanto sabía él de ella

Como la soledad le recitaba a veces,

Como la necesidad de ella le hacía conocerle

Y como sus suspiros llenaban de ella

Sus pulmones de locura hacia un amor

Que resumiera en un beso la primavera entera.

 

Él pensaba en ella a veces

Sobre todo cuando se retiraba

Donde habitaba él mismo,

Y le traía a su mente recuerdos

De vivencias nunca vividas

O de historias de las que no era protagonista

Ni podía relatar en primera persona.

 

Y muy de vez en cuando,

Parecía que ella se asomaba por algún balcón,

Esquina o vereda,

O simplemente venía detrás del sol,

Luego de una puesta de atardecer.

 

Ella aparecía tras las llameantes hojas de otoño

Que se desprendían súbitamente de los dolidos árboles

Que se camuflaban en ellos mismos

Tiempo antes del alarmante invierno,

Para brotar desnudos en el paisaje de los sentimientos de él,

Mientras ella se pasea por las ramas de los pinos

Y se arrecuesta en los tallos de los robles.

 

Ya para cuando él había pensado en ella,

Una o dos veces,

Sabiendo que ella,

Había pensado en él al menos la mitad de esas veces,

Su corazón murmuraba:

 

“Ojalá por fin,

Conozca el nombre de ella,

Y te conozca al fin,

Y que alegría que me reconocieras

Luego de acompañarme lejanamente

Mientras te pensaba;

Ya a estas alturas del partido,

Esperaría que supieras tanto de mí,

Como tanto te he deseado.

Ojalá al fin,

Tantas cartas te he escrito

En direcciones incorrectas,

Tantas veces te he besado

En los labios incorrectos.

Y tantos versos dedicados,

Con la dedicatoria incorrecta.”

 

Ya para cuando sus manos saludaran las de ella,

Esperaba que el adiós,

Fuera el metafórico hasta luego

Que suele decir la gente;

Y no un verdadero adiós.

 

Ya para cuando sus labios se avecinaran a los de ella,

No esperaría de todo esto una historia con final feliz,

Sino algo más sencillo,

Una historia feliz sin final.

 

Ya para cuando explorase el cuerpo de ella,

Esperaría vivir sus ajenos recuerdos,

Y contar todo aquello,

Que no podía contar en primera persona;

Y ser protagonista de relatos donde anhelaba serlo.

 

Pero ella no era ella…

 

Ella no estaba sentada a la par de su soledad,

La de él;

Ella no conocía la esperanza

Que tras cada afonía en la vida de él

Pensando en ella había;

Le era ajeno el aguardo,

Tanto aguardo que él,

Como cosecha de vino

Había madurado a lo largo del tiempo para ella.

 

Al final,

Él volvía a estar sentado al lado de ella,

Ella, distante y desconocida;

Pero él al lado de ella;

Mientras ella,

Bastaba con que fuera simplemente ella…

 

Felipe Carvajal - 02/01/2011

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