La vida es eterna en cinco minutos

on Miércoles, 17 Mayo 2017. Posted in Poemas

No sé que has querido decirme en esta noche,

con la luna vestida de seda,

el silencio a gritos,

el sueño tranquilo de noche de primavera;

con tus labios callados

la nieve derretida en el aire,

y tu mirada perdida detrás de tus pensamientos.

 

Sentí que los litorales perdían su encanto,

los ardientes atardeceres su calor,

y los bosques la música de las aves.

 

Puedes tomar el sueño,

que esperaré a descifrar tu alegría

cuando despierta de la vida mueras,

y sentado a tu lado

prestaré atención a las palabras de tu aliento,

que se escapan lentamente en tu respiración,

en esa triste luz de ensueño,

que dormida me enseñas.

 

Quisiera que me miraras,

aunque las lágrimas no viajen,

aunque el alba no se asome.

 

Tal vez hayas pensado mares de cosas,

que gota a gota empañaban tu mirada,

y ocultaban poco a poco mis palabras.

 

No sé que has querido decirme en esta noche,

en llamarme y ofrecerme una silla,

regalarme palabras mudas,

abrazos fríos y la risa falsa,

que con dificultad desprendía tu boca.

 

Cuéntame la historia de los amantes que se perdían,

en cinco minutos de su vida,

cuando respirar ya no importaba,

mientras perdido esperaba

una confesión de sus manos,

que con su roce le susuraban lo que sentía,

con su calor le hicieran sentir como ave en su nido,

y como por arte de magia las tomara junto a las suyas.

 

Que sean ellas las que se cuenten secretos,

como espuma y arena,

que la gente escuche murmullos, pero solo eso...

 

Cuando los abrazos no eran mudos,

y el silencio un jardín de cosas por vivir,

y dejaba por ella lo que era de él,

a cambio de sus penas.

 

Cuando le regalaba otros versos,

y sus melodían soñaban con su alegría,

un agua calma no significa que está muerta,

y esos dos amantes; abrazados en silencio,

nunca significó suspiros de adiós.

 

Cuéntame la historio de los amantes que morían,

y volvían a vivir en la desprevenida visita,

del roce de sus labios,

que abatía su corazón, como ola a la costa,

colmando suspiros al viento,

que la hacían sonreír.

 

Mientras él afirmando que si de ella muriera,

de su amor y alegría jamás olvidaría.

 

Cuando durmiese en la tierra,

olvidado seguramente,

el sueño traería recuerdos,

de esos cinco minutos...

Felipe Carvajal

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